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El caracol de punta cortada que sale en los jardines después de la lluvia puede pasarle a tu gato las larvas de un gusano pulmonar: es el caracol degollado

El caracol degollado (Rumina decollata), un caracol terrestre del Mediterráneo que se come a otros caracoles, empezó a verse en los jardines de Mar del Plata. No es venenoso, pero esta especie invasora ya está en 16 provincias y en la Argentina se la encontró con larvas de parásitos que pueden enfermar a los gatos.

Revisado por Antonin Mateo
Video La Radio Pública (1:06): cómo reconocer el caracol degollado, qué parásitos puede pasarles a los gatos, el riesgo del cebo para los perros y qué hacer si aparece en el jardín.
Índice

En la ciudad lo empezaron a notar por la forma. Es un caracol de concha larga y angosta, de unos cuatro centímetros, cuya punta parece cortada a cuchillo, y que sale a los canteros y las veredas las noches de humedad. [1] [2] No llegó por el mar, como podría sugerir su aspecto. Las fuentes consultadas por 0223 creen que viajó con plantas, tierra y otros materiales que trasladan ejemplares chicos o sus huevos, y la Universidad Nacional de Misiones apunta a las plantas ornamentales. [1] Tampoco es nuevo en el país: lleva casi cuatro décadas extendiéndose por la Argentina, y lo que cambió en Mar del Plata es que ahora los vecinos lo ven y lo fotografían. En iNaturalist, la plataforma donde cualquiera puede cargar la foto de un animal para que otros usuarios confirmen la especie, las cuatro observaciones validadas con foto en el partido de General Pueyrredón son de 2025: la primera, del 30 de enero, y las otras, de octubre y noviembre. [9]

Qué es el caracol degollado y cómo reconocerlo

El caracol degollado europeo, Rumina decollata, es un caracol terrestre originario del Mediterráneo, del sur de Europa y del norte de África. [3] Su nombre viene de una rareza de los adultos: las primeras vueltas de la concha, la punta, se separan con un tabique y se caen, por eso parece truncada. [2] La concha llega a medir unos 4,5 centímetros, tiene forma de huso y un color castaño claro parejo, y el cuerpo suele ser gris oscuro o negro, aunque en la Argentina se encontraron ejemplares más claros. [2] [3]

La fama de depredador tiene base. Es omnívoro: come plantas tiernas y restos vegetales, pero también otros caracoles y sus huevos, lombrices e insectos, y hasta materia fecal de animales. [2] [5] En California lo soltaron a propósito en 1966 para que se comiera al caracol común de jardín, que dañaba los cítricos. [3] En la Argentina no hay registro de una introducción deliberada como esa, y para el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), en su sistema de vigilancia de plagas, no es una plaga de importancia agrícola porque rara vez daña cultivos comerciales. [2]

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Lo que lo vuelve difícil de frenar es su forma de reproducirse. Es hermafrodita y puede fecundarse a sí mismo, de modo que un solo ejemplar alcanza para iniciar una colonia. [2] [3] Madura a los diez meses, entierra puestas de una decena de huevos a pocos centímetros de la superficie, que nacen en 10 a 45 días, y los juveniles sobreviven mucho. [2] En laboratorio, vivió en promedio un año y medio, y como máximo 2,3 años. [10] Soporta además el calor y la sequía: se encierra en la concha y la sella con una capa endurecida hasta que vuelve la humedad. [2]

Si el caracol degollado es peligroso para perros y gatos

No es venenoso, y tocarlo o que un perro lo olfatee no envenena a nadie. [1] El riesgo que estudiaron los veterinarios argentinos es otro: el caracol puede alojar larvas de dos parásitos de gatos, y un gato se contagia si lo come. [3] [5] [6]

  • Aelurostrongylus abstrusus es un gusano pulmonar de los gatos domésticos y silvestres que causa bronconeumonía de intensidad variable. En 2014, investigadores de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA lo encontraron por primera vez en caracoles degollados de la Ciudad de Buenos Aires, y en un experimento posterior las larvas llegaron a la etapa infectante dentro del caracol, con un promedio de 262 por ejemplar. [6]
  • Toxocara cati es una lombriz intestinal común de los gatos. Las personas pueden infectarse por accidente, al tragar sus huevos o larvas; la mayoría de las infecciones humanas no da síntomas, pero las larvas pueden migrar por el cuerpo y llegar al ojo. [5]

El caso de Toxocara se midió en un lugar concreto. En los espacios abiertos de un hospital público porteño habitado por gatos callejeros, el equipo de la UBA, el CONICET y el Instituto Malbrán analizó 75 caracoles degollados en 25 lotes de tres: en 5 de los 25 lotes, el 20%, había larvas de Toxocara, y 4 de las 17 muestras de heces de gato tenían huevos del parásito. [5] La mayoría de los caracoles estaban comiendo sobre heces enterradas, que les dan alimento y mantienen vivo el ciclo del parásito en el lugar. [5] Ese trabajo no midió cuántos gatos se enfermaron por comer caracoles: muestra que el parásito circula entre los dos en un mismo patio.

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Para los perros, los estudios argentinos sobre esta especie no describen un parásito propio. El peligro más documentado en un jardín con caracoles es el veneno que se usa para matarlos. Los cebos con metaldehído, en gránulos o escamas mezclados con salvado, resultan sabrosos para las mascotas, y los perros son la especie que más se intoxica: 85 gramos de cebo alcanzan para envenenar a un perro de 14 kilos, según el Manual de Veterinaria de MSD. [8] Los primeros signos son temblores, falta de coordinación, latidos rápidos, fiebre, babeo, vómitos y respiración agitada, y requieren atención veterinaria urgente. [8]

Por qué se expande en la Argentina

El primer registro en el país data de 1988, en el noreste pampeano de la provincia de Buenos Aires, una zona húmeda. [4] En 2007 apareció en La Pampa y Mendoza, a más de 1.000 kilómetros al oeste, en ambientes semiáridos, y después en Córdoba, Misiones, Río Negro y Chubut. [3] [4] Un proyecto de ciencia ciudadana de la Universidad Nacional del Sur (UNS), dirigido por la investigadora Julia Pizá, reunió fotos y encuestas de vecinos de todo el país, y su resultado, publicado en 2022, fue de 685 registros en 179 localidades de 16 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, desde el norte de la Patagonia hasta Jujuy, unos 2.130 kilómetros. [3] No apareció en la Patagonia austral. [3]

Infografía en tres partes. Arriba, una línea de tiempo: 1988, primer registro en el país, en la provincia de Buenos Aires; 2007, La Pampa y Mendoza, más de 1.000 km al oeste; 2018, Córdoba; 2021, Río Negro y Chubut, primer registro patagónico; 2022, 179 localidades de 16 provincias y CABA; 2025, primeras fotos verificadas en Mar del Plata, con la nota: 4 observaciones con foto validadas en iNaturalist, todas desde enero de 2025. En el medio, barras con las observaciones por mes de 640 registros en la Argentina: enero 20, febrero 49, marzo 89, abril 123, mayo 69, junio 19, julio 23, agosto 36, septiembre 56, octubre 92 en rojo, noviembre 45, diciembre 19; otoño 43,9%, primavera con octubre 30,2%, octubre solo 14,4%. Abajo, dos recuadros. Gatos: puede llevar larvas de un gusano pulmonar felino y de Toxocara cati, una lombriz que también puede enfermar a personas; en un hospital porteño, 5 de 25 lotes tenían Toxocara. Perros: el caracol no es venenoso; el riesgo mayor es el cebo mata-caracoles con metaldehído, 85 gramos alcanzan para envenenar a un perro de 14 kilos; ante temblores, consulta urgente.
El caracol degollado se registró por primera vez en la Argentina en 1988 y en 2022 ya estaba en 179 localidades de 16 provincias y la Ciudad de Buenos Aires. De 640 observaciones cargadas en iNaturalist en el país, el 74,1% se hizo en otoño y primavera. Infografía: La Radio Pública del Oeste.

El mismo estudio explica por qué es un caracol de ciudad. El 95% de los registros vino de jardines privados o de lugares públicos como veredas, plazas y parques, y ninguno de áreas protegidas o naturales. [3] Casi dos de cada tres llegaron de la provincia de Buenos Aires, con Bahía Blanca a la cabeza. [3] El análisis genético mostró que los caracoles argentinos son idénticos a poblaciones de España, Portugal y Francia. [3] Por su impacto, el Ministerio de Ambiente de la Nación lo incluyó en 2021 en la lista oficial de especies exóticas invasoras, en la categoría 1, la de uso restringido: está prohibido introducirlo al país, trasladarlo entre provincias, criarlo, comprarlo, venderlo o regalarlo. [7]

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Las observaciones públicas siguen la misma curva. En iNaturalist, los registros argentinos de la especie pasaron de 7 en 2018 a 109 en 2025, aunque la plataforma también creció mucho en ese lapso. Medido sobre el total de observaciones de cualquier especie en el país, el caracol degollado pasó de 13 a 28 de cada 100.000, según nuestro cálculo: su peso se duplicó y se mantiene estable desde 2023. [9] En la costa atlántica bonaerense ya aparecía antes de Mar del Plata, en el Partido de La Costa desde 2016 y en Necochea en 2024. [9]

Qué hacer si aparece en el jardín

La temporada es ahora. De las 640 observaciones fechadas en la Argentina, el 74,1% se hizo en otoño y en primavera, con un pico en abril y otro en octubre, el segundo mes con más registros: 14,4% del total, según nuestro cálculo. [9] Las recomendaciones que reúnen los especialistas citados por 0223 y la normativa nacional son estas: [1] [7]

  • No agarrarlo con las manos desnudas: usar guantes y lavarse las manos después de tocar caracoles o tierra del cantero. [1]
  • Alejar a perros y gatos de las colonias: por curiosidad pueden lamerlos o comerlos. [1]
  • Quitarles refugio: regar por la mañana para que el suelo se seque antes de la noche, y retirar tablas, hojas secas y todo lo que les dé sombra y humedad. [1]
  • No llevarlos a otro lugar: tirarlos en un baldío o regalarlos a alguien para su huerta es justamente la forma en que la especie se dispersa, y la resolución nacional prohíbe trasladarlos y regalarlos. [7]
  • Con mascotas en casa, ojo con el veneno: un cebo con metaldehído al alcance de un perro o un gato puede ser más peligroso que el caracol. [8]
Ilustración en gouache: en un jardín soleado frente a una casa de paredes claras y postigos azules, una mujer de pulóver rojo, agachada y con guantes verdes, levanta una tabla vieja del suelo húmedo donde se ven varios caracoles de concha larga y cónica, y deja caer uno dentro de un frasco de vidrio; a la derecha, una manguera riega un cantero de flores; a la izquierda, detrás de una reja negra, un perro marrón y blanco con collar rojo mira sentado; al fondo, el mar.
Temprano a la mañana, una vecina con guantes levanta una tabla húmeda del cantero y junta en un frasco los caracoles que se escondían debajo, mientras su perro espera del otro lado de la reja. Retirar tablas y hojas secas y regar de mañana les quita refugio y humedad a los caracoles. Ilustración.

Para un gato que sale al jardín o caza, la consulta útil es con el veterinario: el gusano pulmonar causa bronconeumonía, con signos respiratorios como la tos,, y la desparasitación se ajusta a su vida afuera. [6] Una foto cargada en iNaturalist también sirve: así se armó el mapa con el que los investigadores siguen el avance de la especie, y así se supo que ya está en Mar del Plata. [3] [9]

Fuentes y referencias

[1] 0223 — Un depredador llegó a Mar del Plata: se alimenta de sus pares y puede afectar a tu mascota, 1 de noviembre de 2026
https://www.0223.com.ar/nota/2026-11-1-20-17-0-un-depredador-llego-a-mar-del-plata-se-alimenta-de-sus-pares-y-puede-afectar-a-tu-mascota

[2] Senasa, Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de Plagas (SINAVIMO) — Rumina decollata
https://www.sinavimo.gob.ar/plaga/rumina-decollata

[3] Universidad Nacional del Sur — Guerrero Spagnuoli J. (dir. Pizá J.), Caracterización de los haplotipos de ADN mitocondrial del caracol terrestre invasor Rumina decollata (Linnaeus, 1758) presentes en Argentina, tesis de grado, 2022
https://repositoriodigital.uns.edu.ar/handle/123456789/7182

[4] Biological Invasions — De Francesco C. G. y Lagiglia H., A predatory land snail invades central-western Argentina, octubre de 2007
https://doi.org/10.1007/s10530-006-9076-7

[5] Revista Argentina de Microbiología — Cardillo N. y colaboradores, First report of Toxocara cati in the domestic land snail Rumina decollata, 2016
https://www.elsevier.es/en-revista-revista-argentina-microbiologia-argentinean-372-pdf-download-S0325754116300098

[6] Veterinary Parasitology — Cardillo N. M. y colaboradores, Larval development of Aelurostrongylus abstrusus in experimentally infected Rumina decollata snails, 2018
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29426476/

[7] Ministerio de Ambiente de la Nación — Lista oficial de especies exóticas invasoras (Resolución 109/2021) y ficha de Rumina decollata en el Sistema de Información de Biodiversidad
https://www.argentina.gob.ar/ambiente/biodiversidad/exoticas-invasoras/lista
https://sib.gob.ar/especies/rumina-decollata

[8] Manual de Veterinaria de MSD — Intoxicación por metaldehído, septiembre de 2024
https://www.msdvetmanual.com/es/temas-especiales-para-mascotas/envenenamiento/intoxicaci%C3%B3n-por-metaldeh%C3%ADdo

[9] iNaturalist — observaciones de Rumina decollata en la Argentina y en el partido de General Pueyrredón, consulta del 2 de noviembre de 2026; GBIF — registros de Rumina decollata en la Argentina
https://www.inaturalist.org/observations?taxon_id=125669&place_id=7190
https://www.inaturalist.org/observations?taxon_id=125669&place_id=14134
https://www.gbif.org/species/2294129

[10] Universidad Nacional del Sur — Álvarez González E. S. (dir. Pizá J.), Biología reproductiva y crecimiento del caracol terrestre exótico Rumina decollata (Linnaeus, 1758), tesis de grado, 2021
https://repositoriodigital.uns.edu.ar/handle/123456789/7166

Observaciones validadas en Mar del Plata, reparto de las observaciones por mes y por estación, y peso del caracol degollado sobre el total de observaciones de iNaturalist en la Argentina: cálculo de la redacción con los datos de [9].

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