La caída fue en Ituzaingó, después de varios allanamientos que cortaron una fuga silenciosa. Un hombre quedó detenido, señalado como el cómplice de una joven de 23 años que, a fines de abril, habría drogado a un hombre con el que había pactado una cita por una aplicación y le vació la casa en Merlo. La mujer, pieza clave de la trama, ya estaba tras las rejas por un caso calcado en la Ciudad de Buenos Aires.
Puntos clave
- Detuvieron a un sospechoso en Ituzaingó, en Brasilia y Bagnat, por orden de la UFI N°2 de Morón (fiscales Masferrer y Somma).
- La DDI Morón ubicó el celular del detenido en la casa de la víctima al momento del hecho y lo vio en cámaras a bordo del auto robado.
- El caso ocurrió el 23 de abril: cita en Ramos Mejía y traslado a la vivienda de la víctima en Pontevedra, Merlo; él se despertó 12 horas después con signos de haber sido drogado.
- Se llevaron un Volkswagen Vento, armas (pistola Bersa, escopeta 16, carabina .22), un TV de 50”, un caloventor, una chopera, joyas, municiones y un iPhone.
- El Vento apareció abandonado en Bicentenario y Ruta 40, también en Merlo.
- La mujer está presa en Ezeiza desde el 20 de junio por un hecho similar en CABA; en su domicilio de Ciudadela no hubo nueva detención.
El encuentro y la noche que se hizo larga
El 23 de abril, un hombre de 48 años coordinó por una app una cita con una joven de 23. Se vieron en un bar de Ramos Mejía, de esos que a la tardecita juntan parejas nuevas y conversaciones cortas. Después fueron a la casa de él, en Pontevedra, partido de Merlo. Según su denuncia, se despertó doce horas más tarde, con la cabeza pesada y el cuerpo sin respuestas: los síntomas clásicos de haber sido dopado. La mujer ya no estaba.
Tampoco estaba el Volkswagen Vento. Ni la pistola Bersa, la escopeta calibre 16 y la carabina .22. Faltaban el televisor de 50 pulgadas, un caloventor, una chopera de cerveza, varias joyas, tres cajas con municiones y un iPhone. El mapa del robo completó su primer giro horas después: el auto apareció abandonado en la intersección de Bicentenario y la Ruta 40, otra vez en Merlo.
El rastro del celular y las cámaras
La DDI Morón reconstruyó el hilo con herramientas que ya son rutina en estos casos: cruce de líneas, antenas y cámaras. Detectaron que el celular del sospechoso estuvo dentro del domicilio de la víctima en el momento del ataque. Y que las cámaras de seguridad lo mostraban a bordo del vehículo que salió con las pertenencias sustraídas. Los ojos electrónicos no parpadean.
Allanamientos y una puerta que se abrió
Con esos elementos, la UFI N°2 de Morón —a cargo de los fiscales Santiago Masferrer y Claudio Somma— pidió varios allanamientos. En el cruce de Brasilia y Bagnat, en Ituzaingó, los investigadores dieron con el sospechoso y lo detuvieron. La pista principal, mientras tanto, conducía también a una dirección en Ciudadela: el domicilio de la joven señalada como autora material.
Allí no hubo sorpresas: no hacía falta arrestarla. La mujer ya estaba alojada en el penal de Ezeiza desde el 20 de junio, tras una captura de la Policía Federal por otro episodio similar en la Ciudad de Buenos Aires. La investigación que nació en Merlo confirmó entonces lo que se intuía: no actuaba sola y tenía apoyo en el oeste del conurbano.
Una modalidad que vuelve
En los pasillos judiciales la llaman “viuda negra”: citas por aplicaciones, somníferos y casas desvalijadas. El expediente de Morón avanza con ese molde y con un dato que pesa en la balanza: el cruce entre tecnología y territorio, entre antenas y esquinas, que terminó por empujar una puerta en Ituzaingó y cerrar otra en Ezeiza. La causa sigue, con el foco puesto en cómo se movió la banda y qué puertas más ayudaron a abrir la noche del robo.
