**Corrientes: Caos y violencia en plena Ruta Nacional 12 en el acceso a Ituzaingó**
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En la fría madrugada del domingo 18 de enero, el cierre de una jornada de diversión se transformó en un verdadero espectáculo de descontrol. Al salir del boliche Hope, ubicado a escasos 300 metros de la entrada a Ituzaingó, un grupo de jóvenes se enredó en una pelea tumultuosa que dejó al descubierto una alarmante falta de seguridad en la zona. La indignación de los vecinos se hacía eco, asegurando que esta situación no era un hecho aislado.
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<li>La pelea se desató en las primeras horas del domingo en la Ruta Nacional 12.</li>
<li>Decenas de jóvenes protagonizaron enfrentamientos sin control policial.</li>
<li>Los transeúntes y vehículos estaban en grave peligro por la violencia en la ruta.</li>
<li>No había patrulleros ni operativos de prevención durante los altercados.</li>
<li>La comunidad exige respuestas inmediatas a las autoridades.</li>
<li>El gobernador estuvo presente en la localidad la noche anterior, sin intervención en la seguridad. </li>
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Por minutos, el asfalto se convertía en un campo de batalla donde los gritos y el ruido de golpes resonaban por encima del murmullo de los motores de vehículos que desfilaban por la ruta. Sin la presencia de fuerzas policiales ni inspectores municipales para contener la situación, los vecinos comenzaron a describir la Ruta 12 como una "zona liberada", un espacio en el que la ley parecía brillar por su ausencia.
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La gravedad del episodio no solo residió en la violencia física entre los jóvenes, sino en el extremo peligro al que fueron sometidos los pasajeros de los vehículos que transitaban. Muchos debieron frenar de golpe o esquivar a los que se encontraban en plena riña, todo en un entorno donde la visibilidad era escasa, agravada por la penumbra de la mañana y las condiciones climáticas de la región.
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Testigos, con incredulidad absoluta, afirmaron que, en el clímax de la violencia, no había un solo patrullero ni operativo de prevención que pudiera mitigar los riesgos que corrían tanto los jóvenes como los conductores. Mientras los ataques continuaban, la comunidad en su conjunto exigía respuestas a los organismos de seguridad de la provincia y al municipio de Ituzaingó.
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De manera notable, el gobernador provincial había estado presente en la localidad la noche anterior, disfrutando de la primera noche de carnavales. Sin embargo, mientras la fiesta proseguía, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos parecieran haber quedado desatendidos, mostrando una vez más la desconexión entre las autoridades y la realidad cotidiana de la población.
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