
La tarde de este lunes, el sur de Ituzaingó se tiñó de desesperación y caos cuando una pareja, que llegaba para visitar a un familiar, fue objeto de un violento robo. La situación, marcada por una persecución policial y disparos, mantuvo en vilo a toda una comunidad, que presenció cómo la delincuencia dejaba una huella de desasosiego. Finalmente, dos jóvenes fueron aprehendidos: C. M. P. y A. L. Z..
Según fuentes de la investigación consultadas, el hecho tuvo lugar en las cercanías de Villegas y Beltrán. En ese instante, dos hombres en moto interceptaron el Peugeot 208 de la pareja, un vehículo que escondía su historia: había sido robado el 3 de noviembre y se encontraba sin patente.
Los relatos de los testigos y la reconstrucción policial sitúan a los asaltantes en una posición amenazante, simulando tener un arma en la cintura. “¡Abran!” exigieron a la pareja, que, en un acto de reflejo, se refugió en la casa, dejando su auto en marcha. Los delincuentes, ávidos como buitres, se llevaron celulares, billeteras y toda pertenencia valiosa más.
El destino quiso que a solo cuatro cuadras, en Butler y Caaguazú, los ladrones chocaran contra un Fiat Palio. El sonido del impacto atrajo la atención de los vecinos, incluyendo a un agente del Servicio Penitenciario, que intentó contener la situación. Pero la violencia del crimen no perdonó: uno de los asaltantes disparó a la desesperada, apuntando incluso a una mujer que se encontraba en el lugar. Sorprendentemente, nadie resultó herido.
En la confusión, los jóvenes decidieron huir a pie. C. M. P., de 22 años, fue apresado por un grupo de vecinos en Caaguazú y Bertolé, mientras que A. L. Z., de 28, tomó otro camino, corriendo hasta refugiarse en una vivienda en Hortiguera y Narvondo. Desde allí, aún envalentonado, disparó nuevamente contra la policía, quien respondió con balas de goma. Sin embargo, su fuga terminó allí, tras saltar varios techos. En su captura, se recuperaron más pertenencias robadas.
La colaboración comunitaria, junto a la rápida llegada policial, fue clave para poner fin a este episodio de violencia. Un testimonio colectivo y las imágenes de seguridad resultaron determinantes para la captura de los sospechosos.

Ambos detenidos fueron trasladados a la comisaría, donde se identificaron y quedaron bajo la órbita de la Justicia. El fiscal Lucio Rivero de la Fiscalía Descentralizada N° 2 de Ituzaingó, junto a su secretario, Federico Lompizano, se hicieron cargo del caso. Enfrentan cargos por encubrimiento agravado por ánimo de lucro por la motocicleta robada, robo agravado por uso de arma de fuego, disparos con arma, portación ilegal y resistencia a la autoridad.
En otro rincón del país, la situación de Miguel Jorge Mele, transportista de 58 años, permanece delicada tras ser imputado de homicidio simple por la muerte de Diego Maximiliano Marianache en la ciudad de Azul. El sábado, Mele al volante de su camión Iveco Daily embistió a Marianache, quien circulaba en moto, tras un desacuerdo que surgió durante un cruce en avenida Mitre y España.
La investigación, bajo la lupa de la UFI N°2 de Azul y supervisada por el fiscal general Marcelo Sobrino, indaga un posible homicidio con dolo eventual, un concepto que define causar la muerte asumiendo un riesgo deliberado. Los peritajes iniciales confirmaron que el camión no tenía fallas técnicas que justificaran el fatal desenlace.
Fortuitamente, Mele, quien aún no tenía relación previa con la víctima, se encuentra en una encrucijada legal, tras rechazar brindar declaraciones en sede judicial por la ausencia de su abogado particular. Se encuentra representado por un defensor oficial. El fiscal David Carballo infirió los cargos de homicidio simple, un delito que podría acarrear una condena de entre 8 y 25 años de prisión, sin opción de excarcelación. Además, los antecedentes revelan una historia de agresiones en 2010, cuando agredió a un trabajador judicial en Azul.
La Fiscalía sigue su curso, recabando pruebas, testimonios y buscando grabaciones de cámaras que puedan ofrecer un hilo de continuidad en esta triste narrativa. La víctima, Mariano, de 46 años, era padre de una adolescente de 18, cuya vida ahora queda marcada por la ausencia de su padre.
