En la última sesión del año con el Concejo Deliberante tal como lo conocemos hoy, el peronismo dio luz verde, por mayoría, al Cálculo de Recursos y Gastos propuesto por el intendente de Ituzaingó, Pablo Descalzo, para el 2026. El ambiente era de expectativa, dominado por la tensa mezcla de escepticismo y resignación que rodea las decisiones públicas en esta ciudad.
Teóricamente, el escueto Presupuesto presenta un 34% de inflación con un mágico resultado de 87 mil millones y medio de pesos. Sin embargo, en la práctica, este número parece estar vestido de gala mientras se oculta una dura realidad: la cifra podría ser un subestimado engañoso que promete un ajuste inminente. Ante la mirada atenta de los vecinos, el Municipio confirmó que en el primer semestre de 2025 se gastaron $51 mil millones. Pero la pregunta que flota en el aire es: ¿cómo se sostiene un déficit así si este año las tasas ya aumentaron un 34% y se anticipa un nuevo incremento del 25% en enero?
Este escenario ha devenido en un modus operandi que ya se siente familiar. Justo un año atrás, se aprobaba un Presupuesto deficitario de $68 mil millones y se habilitaban 28 vías de excepción al Código de Ordenamiento Urbano, gestando varios «convenios urbanísticos» en un Parque Leloir que, desde 2007, está declarado como “ecológicamente protegido”.
La sesión de esta oportunidad no fue notablemente diferente. Se aprobó la construcción de un country al lado del Camino del Buen Ayre, y el Municipio cedió un terreno fiscal de 73.725,97 m² a la empresa Stop Coffee Leloir, a cambio de que se haga un estacionamiento subterráneo en la Plaza 20 de Febrero, que permanecerá cerrada durante dos años. La imagen de esa plaza vacía se vuelve un símbolo de la frustración ciudadana.
Sin embargo, esta vez un representante de la Asociación Vecinos de Parque Leloir se hizo presente para manifestar su rechazo. Mientras las voces de protesta suenan, el juzgado en lo Contencioso Administrativo de Morón aún filetea la solicitud de amparo presentada por PLAC, lo que sugiere una pausa molesta en la justicia.


A pesar de la controversia, el expediente fue aprobado sin necesidad de desempate, dado que un escaño del PRO no estuvo presente. El bloque Libertario, incluyendo al PRO, se opuso ferozmente. Cristian Lanaro, del bloque opositor, señaló la insostenibilidad del presupuesto: “Este muestra un Municipio que crece hacia adentro. Más del 60% se destina a sueldos en lugar de servicios”. Un toque de ironía en un contexto donde los servicios básicos parecen estar siempre en el debe.
En tanto, con un salario mínimo estimado en $300.000, el intendente le cuesta al Municipio la asombrosa cifra de 62 millones de pesos al año. Ante esta realidad, las movilizaciones sindicales brillan por su ausencia, algo que no se ve desde hace dos décadas. ATE ha cambiado su rumbo, como si la voluntad popular tuviera un precio que ya no está en el mercado.
El cierre del hospital municipal en la calle Brandsen, que perdió su estatus en 2009 y cerró en 2019, sigue siendo un lacerante recordatorio de lo que se ha perdido. Con un Presupuesto que solo sostiene ocho cargos en el «sistema municipal de Salud», las promesas del intendente parecen evaporarse apenas cruzada la línea electoral. Y así, el Artículo 36° parece ser un salvoconducto para un uso de recursos con afectación específica, pero sólo en tiempos conciliatorios.
A medida que las promesas se disipan y el plan de ajuste inicia su ciclo, queda la incertidumbre: ¿qué precio pagarán los vecinos por el cierre del rojo? Una pregunta que resuena en la Plaza 20 de Febrero y en los pasillos del Concejo, en medio de un silencio que empieza a ser ensordecedor. Fin.
