En la playa Rincón Santa María, de la ciudad de Ituzaingó, Corrientes, la paz que debería reinar en el verano se ha visto interrumpida por picadas clandestinas y maniobras extremas a bordo de motos, cuatriciclos y camionetas 4×4. La temporada estival, que solía ser sinónimo de descanso, ha sido transformada en un verdadero campo de batalla, donde la falta de controles municipales y la ausencia de fuerzas de seguridad juegan su papel crucial.
Lo que debería ser un espacio de esparcimiento familiar se ha convertido en una zona liberada. Carreras ilegales y pruebas de “drift” se realizan al lado de familias, niños y bañistas desprevenidos. Videos que circulan en redes sociales muestran camionetas deslizando a toda velocidad y motos que desafían al peligro en la arena, a escasos metros de los despreocupados veranistas.
- La playa Rincón Santa María se ha transformado en escenario de carreras ilegales.
- Presencia de menores conduciendo vehículos motorizados sin protección.
- Consumo de alcohol y una atmósfera de descontrol generalizado.
- Denuncias de robos a turistas en pleno día, sin patrullas que actúen.
- La inacción de las autoridades hace que el problema crezca sin cesar.
La ya alarmante situación se ve agravada por la presencia de menores al volante. Testimonios de la zona indican que chicos de apenas 13 años manejan sin casco ni ninguna protección, mientras el consumo de alcohol se ha vuelto moneda corriente en el ambiente. Aquí, la imprudencia parece reinar con un fuerte eco de desamparo.
El punto de inflexión yace en la falta total de autoridad. No hay controles municipales, ni operativos policiales, ni sanciones que frenen esta creciente ola de ilegalidad. Ante esta inacción, la permisividad se transforma en un aval tácito para que estas prácticas se arraiguen aún más. Este fenomenal descontrol se combina, además, con una preocupante oleada de delitos. Turistas han denunciado robos de heladeras, bolsos y teléfonos celulares en pleno día, dejando entrever que la inseguridad también se pasea por la arena, al compás de las risas infantiles.
El cóctel presentado es, sin dudas, explosivo. Velocidad, alcohol, menores al volante y una alarmante falta de control estatal convierten a la playa en un lugar de riesgo latente. Los vecinos, que viven la situación a diario, advierten que el problema no es nuevo, aunque sí más grave que nunca, apuntando con el dedo a las autoridades locales por su falta de acción.
El temor es palpable entre aquellos que ven cómo su temporada de verano se transforma en una potencial tragedia. Sin controles urgentes, la autodenominada “Ciudad de la Energía” corre el riesgo de perder no solo su prestigio turístico, sino también la seguridad de quienes la eligen como destino. Una necesidad urgente de intervención asoma, mientras las olas del río parecen ignorar la creciente marea de problemas que afectan este rincón de Corrientes.
