Jueves a la tarde, en la recta final antes de que el domingo 26 se abran las urnas, Mauricio Macri eligió X para marcar un giro de tono: de la estabilización como bandera a la urgencia del crecimiento. Con el pulso electoral acelerado, el expresidente instaló dos palabras que buscan ordenar la conversación postelectoral: mayoría y Presupuesto. El mensaje, más que una arenga, sonó a borrador de hoja de ruta.
- Macri sostuvo que, tras “sacrificios” y con una inflación de 2,1% en septiembre (según su posteo), la prioridad pasa de la estabilidad al crecimiento.
- Propuso “construir una nueva mayoría” que exceda a una sola fuerza política y convoque a legisladores de distintas provincias.
- Planteó aprobar un Presupuesto con equilibrio fiscal como primera señal de acuerdos concretos.
- Pidió al Gobierno llamar al diálogo “después del 26”, con “humildad y honestidad”, y aceptó el rol de una oposición “constructiva”.
- Afirmó que escribe su propuesta antes de las elecciones “independientemente del resultado”.
Del termómetro al acelerador
El posteo de Macri ordena la secuencia política en dos etapas: primero, frenar la suba de precios; ahora, “arrancar y crecer sin parar”. En su texto, el exmandatario consignó que la inflación de septiembre fue 2,1% y la contrastó con el 211,4% anual que atribuyó al cierre del gobierno de Alberto Fernández. La comparación le sirve como puente para instalar la siguiente estación: salir del estancamiento. Hay, detrás del énfasis, una lectura de época: estabilizar contuvo la caída; el humor social pide que la rueda empiece a girar.
La llave de la nueva mayoría: el Presupuesto
Macri delineó un terreno concreto para medir consensos: la Ley de Presupuesto. La propuso como primer gesto de una “nueva mayoría” que, dijo, debería comprometerse con el equilibrio fiscal y, a la vez, ordenar prioridades comunes. No habló de un programa cerrado sino de “metas inmediatas” para orientar acuerdos. En el Congreso, donde los números suelen ser menos dóciles que los slogans, el Presupuesto es la herramienta que muestra quién está dispuesto a respaldar qué, y a qué costo político.
Una coalición más ancha que las camisetas
En sintonía con esa apuesta, el expresidente señaló que la mayoría buscada no puede nacer de una sola fuerza. Enfatizó que necesita a legisladores de todo el país, con sus miradas y pertenencias, y que el PRO —que hoy preside— está listo para esa mesa. Admitió, además, un límite: “nuestro aporte, por sí solo, es insuficiente para los cambios que hay que realizar”. Traducido al llano, la idea es tender un puente a espacios que no comparten la camiseta, pero sí, eventualmente, un objetivo de crecimiento con cuentas ordenadas.
El llamado “después del 26”
El calendario asoma entre líneas. Macri ubicó el llamado a dialogar inmediatamente después de votar. No condicionó el mensaje al resultado, según escribió. Pidió al oficialismo un gesto: convocar con humildad y honestidad. Y avisó que la oposición, si es escuchada, llevará propuestas desde “cada rincón del país”. El subtexto es transparente: un Congreso fragmentado obliga a sentarse, y la ventana política para hacerlo —cuando la elección todavía está caliente y antes de que se endurezcan las posiciones— es corta.
Equilibrio y prioridades: el orden de los factores
El equilibrio fiscal aparece como un piso, no como un techo. Macri lo mencionó como compromiso “rigurosamente” sostenido, pero lo encadenó a la discusión sobre prioridades. Ese orden importa: primero, no romper la caja; luego, definir en qué se invierte y cómo se empuja la actividad. Es el viejo dilema argentino contado con otra música: sin financiamiento generoso ni anclas mágicas, los acuerdos sobre el Presupuesto funcionan como mapa de ruta y también como test de realidad.
Una campaña que se juega en el Congreso
Con las legislativas encima, la disputa no termina en la noche del escrutinio. Se traslada a las bancas, donde se cocina lo que sigue: Presupuesto, eventuales reformas, señales a provincias y sectores productivos. De ahí el énfasis en una mayoría “nueva”. Lo que Macri propone es, en el fondo, un modo de leer el mandato de las urnas: menos épica partidaria y más ingeniería parlamentaria. Si esa es la jugada, la semana posterior al 26 será el primer tablero donde tantear alianzas.
Confianza y distancia justa
El mensaje cerró con un gesto clásico: “Creo en los argentinos. El futuro está cerca”, escribió. La frase no agrega datos, pero sí marca la distancia justa entre la confianza y el apremio. El país, viene a decir, ya cambió de marcha. Falta que el motor responda.
