En el corazón de Corrientes, donde el Paraná murmura y las esperanzas flotan en las aguas, el gobernador Gustavo Valdés había hecho una promesa el pasado junio. La inauguración del Puerto de Ituzaingó, el mayor puerto del norte argentino, fue presentada como un faro de progreso para las economías locales, especialmente para las cadenas de la yerba mate y la forestoindustria. Sin embargo, más de seis meses después, la terminal continúa en tierra firme, aguardando el momento en que las barcazas y camiones se conviertan en sinfonía de actividad.
Mientras el gobierno provincial asegura que el proyecto avanza hacia su etapa final de diseño, referentes del sector productivo levantan la voz: el verdadero obstáculo no radica en lo técnico, sino en lo político y regulatorio. “Los puertos y las condiciones están dadas. Este es un tema más político que logístico”, advierte Pablo Rigal, gerente forestal de Las Marías, en el aserradero de Gobernador Virasoro, donde la producción forestoindustrial palpita día a día.
Puntos clave
- La terminal del Puerto de Ituzaingó permanece inactiva a seis meses de su inauguración.
- El gobierno busca definir aspectos operativos cruciales.
- Falta una normativa legal que facilite operaciones de barcazas.
- El 30% de los costos de la forestoindustria se deben al transporte.
- Inversores extranjeros están a la espera de reglas claras.
Infraestructura disponible, marco legal ausente
Sobre el terreno, la obra muestra un progreso notable. Recientemente, el gobierno de Corrientes anunció avances en la definición del layout de la terminal: muelles, accesos, áreas de carga y descarga. Sin embargo, la conversación entre el director de Transporte Fluvial y Puertos, Adolfo Escobar Damús, y los empresarios revela que la normativa que regula el transporte en el Río Paraná sigue ausente. Sin ese entramado legal, el puerto no podrá operar con eficiencia y competitividad.
El debate no se limita a lo provincial: la modificación del régimen de Marina Mercante, que buscaba equiparar barcazas extranjeras con nacionales, fue rechazada en el Congreso de la Nación. Esta caída dejó sin soporte legal una herramienta que podría dotar de escalabilidad al puerto, impidiendo que prospere como la vía de desarrollo que se había prometido.
El impacto económico de no operar
Las cifras hablan: alrededor del 30% de los costos de producción en la forestoindustria son atribuibles a la logística. Optar por el transporte fluvial en lugar del terrestre podría reducir hasta 20 dólares por metro cúbico, lo que representa un ahorro casi de 1.000 dólares por contenedor. Este escenario no solo mejora la rentabilidad del sector, sino que también alivia una red vial del NEA que presenta un desgaste palpable. Así lo explica Rigal: “Si la industria mejora su rentabilidad en un 20%, el productor podría ver un ingreso adicional de aproximadamente 1.000 dólares por hectárea”.
La inversión inicial, calculada en 50 millones de dólares después de siete años de trabajo, aún demanda partidas complementarias para dragado y ajustes finales. Sin embargo, como señala Rigal, “¿Qué es lo que falta? ¿Dólares? No. Falta que el Estado deje que la industria y el sector privado hagan su trabajo”.
Inversores en espera
El impasse regulatorio también está afectando el apetito de inversores extranjeros, como los operadores fluviales de Paraguay, que tiene una posición predominante en la fabricación de barcazas. Muchas empresas están listas para invertir, sin necesidad de subsidios, pero se encuentran detenidas ante la falta de un marco normativo claro. “Hay empresas interesadas a las que ni siquiera se las atiende. No piden financiamiento: quieren invertir”, advierte Rigal, enfatizando que estas demoras no solo aplazan la activación del puerto, sino también futuros proyectos industriales.
Así, el puerto de Ituzaingó, concebido como una plataforma logística destinada a transformar la competitividad del norte correntino, permanece en una espera infructuosa. Aun con toda su infraestructura construida, su potencial sigue en el limbo, a la espera de una decisión política que mueva las aguas y permita que la oportunidad deje de ser solo un papel en la oficina de algún funcionario.
