A más de seis meses de la ceremonia de inauguración, el puerto de Ituzaingó continúa en silencio absoluto, sin mover una carga. La que se proyectaba como la obra más significativa del norte de Corrientes, respaldada por una inversión de más de 50 millones de dólares, se encuentra atrapada en una inercia política que, a ojos del sector productivo, transforma esta infraestructura en un símbolo de oportunidades perdidas.
- Más de seis meses sin operaciones en el puerto de Ituzaingó.
- Inversión de 50 millones de dólares sin funcionamiento práctico.
- Problemas normativos que bloquean el uso de barcazas competitivas.
- Altos costos logísticos que afectan la producción regional.
- Falta de atención a empresas extranjeras interesadas en invertir.
- Desarrollo productivo de la región en riesgo por decisiones políticas en Buenos Aires.
La crítica hacia esta situación es clara y contundente. “No se trata de un inconveniente técnico, es netamente político”, sostiene Pablo Rigal, gerente forestal de Las Marías. La carencia de un marco normativo que facilite la operación de barcazas competitivas —debido al rechazo del Decreto 340/25 en el Congreso— ha congelado el verdadero funcionamiento de la terminal.
Los efectos son palpables: los costos logísticos ascienden a representar hasta el 30 por ciento del precio final de los productos regionales. Implementar un transporte fluvial podría significar un ahorro cercano a los 1.000 dólares por contenedor exportado, y catalizar la competitividad de actores clave como la industria maderera y la yerba mate. Sin embargo, las promesas de mejora aún no encuentran eco en la realidad.
A ello se suma una queja que resultaba incómoda para muchos: las empresas extranjeras que anhelan invertir en el puerto no logran tampoco ser atendidas por funcionarios nacionales. “No piden subsidios, solamente requieren reglas claras. Y ni eso han obtenido”, sintetiza Rigal con evidente desánimo.
En el entorno correntino, el diagnóstico es unánime: mientras persista la falta de decisión política desde Buenos Aires, el puerto permanecerá clausurado y el desarrollo productivo de la región, nuevamente, relegado al olvido.
