En el barrio de Villa León, en el partido de Ituzaingó, una historia que se repite en el país: la fábrica histórica Ascensores Cóndor, con más de 50 años de trayectoria, enfrenta su ocaso en medio de un paisaje industrial devastado. Con apenas 40 trabajadores de los 180 que la empresa llegó a tener, la producción se ha reducido a niveles insostenibles; en este 2025, han fabricado lo que antes completaban en un solo mes. La angustia y el desamparo se apoderan de quienes día a día se presentan a trabajar sin recibir su salario desde hace cuatro meses.
- Ascensores Cóndor, ubicada en la calle Miravé, simboliza la crisis industrial del país.
- La producción cayó drásticamente; de 180 trabajadores, solo quedan 40 sin tareas asignadas.
- Los sueldos no se pagan desde hace cuatro meses, generando un clima de desesperación.
- Rubén Andrada, de la UOM, destaca el impacto de la apertura de importaciones en la industria nacional.
- Los trabajadores exigen respuestas y sostienen acciones en defensa de sus derechos laborales.
La realidad se torna cada vez más gris a medida que las políticas económicas del gobierno de Javier Milei continúan su avance sobre la industria nacional. El modelo propuesto por el Ministro Luis Caputo, enfocado en una estabilización vía recesión y apertura de importaciones, parece estar cobrando un alto costo en términos de empleo y producción local. Como si el viento soplara en contra, Ascensores Cóndor se ve asediada no sólo por la crisis económica, sino también por la competencia desleal, ya que «están llegando ascensores de China con tecnología superior y a precios imposibles de igualar», como apunta el secretario de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) seccional Morón, Rubén Andrada.
En una manifestación frente a la fábrica, el sindicalista desliza con un tono que mezcla la frustración y la preocupación: “Esto no solo afecta el empleo, sino la identidad de una comunidad que ha vivido de esta industria”. Los rostros de los trabajadores reflejan la historia de una empresa que había sido, en sus mejores tiempos, un pilar económico, vendiendo casi 30 ascensores al mes. Ahora, el escenario es desolador.
Jorge Bazán, delegado de la UOM, lleva una década en la empresa y recuerda cómo funcionaba: «Era una mina de oro, una fuente de trabajo. Ahora, la incertidumbre se ha apoderado de nosotros». A su lado, la desilusión se siente palpable. «Hacemos acuerdos que no se cumplen, y la paciencia se ha agotado. Si tienen que cerrar, que lo hagan de una vez; esto es un sufrimiento prolongado», enfatiza, con la voz entrecortada por la indignación.
A lo largo del día, Tino, uno de los operarios, se expresa con franqueza ante las cámaras: «Estamos viviendo al día. La situación es complicada, llevamos meses haciendo audiencias en el Ministerio de Trabajo, pero ya no hay más soluciones». Según sus palabras, la responsabilidad recae en los dueños, Juan Lis y Graciela Sánchez, quienes «se borraron del mapa», dejando a su suerte a los trabajadores.
La crisis, si bien es palpable en cada rincón de la fábrica, es un eco de lo que sucede en varias industrias del país. Joaquín, que lleva nueve años allí, comparte su angustia: «Cuando entré, todo funcionaba bastante bien. Pero esto no puede seguir así, no aguanto más”, afirma con una resignación que hiere.
Sin un plan a la vista, la lucha por la dignidad laboral prosigue. «Seguiremos aquí hasta conseguir lo que pedimos: que la empresa cierre si es necesario, pero que se indemnice a quienes se quedan sin trabajo», concluyen con determinación. En un contexto de incertidumbre, la comunidad de Ascensores Cóndor se aferra a la esperanza, aunque saben que el camino se torna cada vez más empedrado.
