En las primeras semanas de enero, Ituzaingó, Corrientes, se vio envuelta en un torbellino de situaciones imprevisibles en sus playas. Los disturbios, alimentados por el irracional consumo de alcohol y maniobras temerarias, desencadenaron una respuesta contundente: la restricción del acceso a motos, cuatriciclos, y camionetas en la playa del Rincón Santa María. Vecinos y autoridades, con un aire de preocupación, admiten que la situación se les fue de las manos, y explican las decisiones tomadas para recuperar la calma en un lugar que solía ser un refugio familiar.
- Prohibición de acceso de vehículos motorizados a la playa.
- Presencia de controles policiales y guardavidas en la zona.
- Incremento en las quejas por la falta de control previo.
- El presidente de la asociación local resalta que no todos los visitantes perturbaron la tranquilidad.
- Se espera que el próximo año se implementen mejoras que prevengan estos incidentes.
El verano es, por tradición, un período de calma y disfrute en El Rincón Santa María. Sin embargo, el inicio del 2023 trajo consigo un escenario inquietante. La afluencia de turistas, combinada con fiestas ruidosas y vehículos de todo tipo surcando la arena, alteró drásticamente el perfil de lo que es, por esencia, un espacio para el esparcimiento familiar. Los videos que se viralizaron, con imágenes de trompos y picadas, encendieron las alarmas de una comunidad que se siente ahora en el centro de la tormenta mediática.
A medida que las semanas avanzaban, la respuesta de las autoridades no se hizo esperar. La organización de controles municipales, la presencia de policías y guardavidas, así como delimitaciones en la playa, se volvieron palpables. La implementación de estas medidas llegó después de fines de semana aciagos, que provocaron críticas por la tardanza y la magnitud de las restricciones impuestas. Para quienes frecuentan el lugar, se siente como un soplo de aire fresco en medio de un ambiente cargado.
En charla con el presidente de la asociación administradora del Rincón Santa María, se destaca que los momentos más caóticos suelen concentrarse en un par de semanas. “Los primeros 15 días son los más complicados, por la llegada masiva de visitantes que vienen a disfrutar de las fiestas organizadas en este predio,” explicó. Pese a la situación, el dirigente también menciona que no todos los asistentes se comportaron de tal forma, resaltando que una minoría terminó condicionando al resto.
Las respuestas institucionales, en este sentido, fueron apreciadas. “Recibimos el respaldo necesario de la municipalidad y de la policía para abordar la cuestión,” afirmó el presidente. Mirando hacia el futuro, su tono se vuelve esperanzador. “Aprendimos de esta experiencia. Planeamos mejoras para el año que viene; estamos convencidos de que todo puede ser aún mejor.”
