A la hora en que las persianas bajan y la calle queda en manos de los pocos que vuelven, una EcoSport blanca dobló lento por Fleming, en Ituzaingó, dio la vuelta a la manzana y se llevó a “Chinchu”, un salchicha marrón que conocía de memoria esos bulevares. Desde esa noche del 19 de diciembre, a las 22.15, la familia lo busca con una mezcla de angustia y paciencia: difundieron el video, ofrecen recompensa y confidencialidad, y mientras tanto lidian con una cadena de estafas que intentan lucrar con la desesperación. En la casa, la ausencia no es abstracta: Taty, la más vieja, dejó de jugar y casi no come.
- El robo ocurrió el 19 de diciembre a las 22.15 en la calle Fleming; una Ford EcoSport blanca giró la cuadra para llevarse al perro.
- La familia difundió el video del hecho y ofrece recompensa con total confidencialidad.
- Reciben llamados falsos con imágenes generadas por IA y maniobras para robar el WhatsApp.
- “Chinchu” es un salchicha marrón, castrado, con señas particulares: panza oscura, poco pelo en el pecho y puntas de las orejas negras.
- Taty, otra salchicha de 15 años, entró en un estado similar al duelo; fue atendida por el veterinario.
- Contacto para datos verificados: 11-2623-9755. Prometen devolución sin preguntas y compensar a quien lo haya comprado de buena fe.
La vuelta a la manzana
El registro de una cámara de seguridad muestra la coreografía completa: la Ford EcoSport blanca entra, avanza, gira y frena en el tramo parquizado de Fleming, esa arteria arbolada típica de Ituzaingó. No fue al pasar: buscaban al perro. “Por lo que se alcanza a ver, no parecen mayores de 40”, dice Camila, la dueña, resignada a que la mala calidad del video no permita más precisiones. En el barrio circulan dos hipótesis sobre la presencia del vehículo: oportunismo puro o gente que venía de una entrega de trofeos en una sociedad de fomento cercana. En cualquiera de los casos, el saldo es el mismo: un perro menos y una familia a la intemperie.
¿Cómo reconocer a Chinchu?
“Chinchu” es un dachshund marrón, castrado, de esos que caminan pegados al piso y saludan con la mirada. Hay detalles que lo distinguen de otros parecidos:
- Panza oscura.
- En el pecho, una zona con muy poco pelo por el roce al ser tan petiso.
- Orejas marrones que se oscurecen hasta volverse negras en las puntas.
Si lo viste, si alguien intenta venderlo o te ofrecieron un salchicha con estas señas, la familia pide contacto directo. No hay reproches ni denuncias: solo la expectativa de volver a abrir la puerta y que entre corriendo.
Estafas con IA y el anzuelo del WhatsApp
La segunda herida llegó por el teléfono. “Todos los días llaman”, cuenta Camila. La modalidad se repite: piden plata por adelantado, dicen que lo llevan a Mendoza, envían supuestas fotos “de hoy” y hasta usan imágenes fabricadas con inteligencia artificial. Otra variante es más técnica y vieja conocida en el conurbano: intentan videollamadas o enlaces para sacar el código de verificación de WhatsApp y quedarse con la cuenta. La familia decidió cortar en seco y pedir solo pruebas verificables del paradero, sin transferencias previas ni intermediarios.
Taty y el silencio de la casa
El robo se siente en el cuerpo de los que quedaron. “Negro”, rescatado y compañero de juegos, ronda más callado. La más golpeada es Taty, una salchicha de 15 años que hacía de madre adoptiva: duerme casi todo el día, se mueve menos y mira la puerta. El veterinario fue claro: los perros mayores pueden atravesar un cuadro similar al duelo, y la salud se resiente. “Ellos no entienden qué pasó, solo saben que Chinchu no volvió”, resume Camila. En Ituzaingó, como en tantos barrios del Oeste, las ausencias también hacen ruido.
Recompensa y devolución sin preguntas
La familia no quiere otra cosa que recuperar a su perro. Ofrecen total confidencialidad y una recompensa para quien lo entregue. Van un paso más: si alguien cree que compró a “Chinchu” sin saber que era robado, le reintegrarán lo que haya gastado. La condición es simple y única: que vuelva a casa.
Datos certeros o pistas que se puedan chequear, al 11-2623-9755. En la cuadra, la mitad de la esperanza es que el teléfono suene por fin para algo bueno.
