Hoy se cumplen tres años de aquella tarde en que Argentina volvió a la cumbre del mundo y Lionel Messi levantó la Copa en Lusail. La final con Francia fue una montaña rusa que no perdonó corazones: dominio amplio, reacción furiosa y, al final, ese hilo de nervios que son los penales. En Ituzaingó, el eco de Doha se volvió música de calle: la ciudad se corrió a la Plaza 20 de Febrero, como si todo el Oeste se hubiera dado cita en el mismo punto del mapa.
Puntos clave
- Tercer aniversario del título mundial en Qatar, con Messi alzando la Copa en Lusail.
- Argentina controló 70 minutos; doblete de Mbappé, gol de Messi en el alargue y atajada decisiva de Dibu Martínez a Kolo Muani al 123’.
- La definición por penales y el remate de Gonzalo Montiel cortaron 36 años de espera.
- En Ituzaingó, la celebración copó la Plaza 20 de Febrero; familias por Ratti y autos colmados por Brandsen.
- Abrazos entre desconocidos, jóvenes en los semáforos y el “Muchachos” sonando en todo el Oeste.
- La fuente de la plaza fue escenario de bautismos de gloria para una generación sin títulos mundiales en su memoria.
Qatar, latido y memoria
El guion es conocido, pero todavía sacude. La Scaloneta jugó a un ritmo propio durante buena parte del partido; Francia, con la furia de Mbappé, devolvió el golpe. En el suplementario, Messi empujó otra vez la puerta. Y cuando el reloj ya se gastaba, Emiliano “Dibu” Martínez estiró la noche: ese pie a Kolo Muani, a los 123’, detuvo la pelota y el tiempo. Fue el prólogo de los penales, la antesala del alivio.
La plaza como kilómetro cero
En Ituzaingó, el giro de Montiel se tradujo en un estallido que desbordó las calles. El Obelisco reunió al país, sí, pero acá la cita fue en la Plaza 20 de Febrero. Familias caminando por la avenida Ratti, bocinas y banderas por Brandsen, y una marea verde y blanca —los colores del barrio, los del León— que por una jornada se mezcló sin conflicto con el celeste y blanco de la Selección.
Abrazo largo en el Oeste
El monumento y las veredas se perdieron bajo una alfombra de hinchas. Hubo abuelos llorando con extraños como si fueran de toda la vida. Hubo chicos trepados a los semáforos, saltos en coreografía espontánea, y ese canto que atravesó diagonales y pasajes: “Muchachos” retumbó en cada rincón del Oeste, cruzando de Ituzaingó Norte a Ituzaingó Sur como un puente de aire.
Rito de agua y futuro
La fuente de la plaza ofició de bautismo: chorros de agua, carcajadas, banderas que no se soltaban. Para esa generación que jamás había visto a Argentina en lo más alto, la noche fue una contraseña compartida. Tres años después, la escena sigue ahí, nítida: un arquero que estira el pie, un penal que entra al lado de un poste y una ciudad que, por un rato, se abrazó como si el mundo quedara a la vuelta de casa.
