En junio pasado, el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, prometió la inauguración del mayor puerto del norte argentino. La obra es vista como crucial para que el sector forestal logre desahogar su logística y, en consecuencia, competir mejor en la exportación de yerba y madera. Sin embargo, ya pasaron más de seis meses desde aquel anuncio y el proyecto aún no ha despegado. Mientras la provincia asegura que avanza en el diseño, voces del sector plantean que “falta decisión política” y que ni siquiera se les responde a los potenciales inversores extranjeros.
- Anuncio del puerto más grande del norte argentino en junio de 2022 por Gustavo Valdés.
- A más de seis meses, el proyecto sigue paralizado.
- Pablo Rigal, de Las Marías, critica la falta de atención a inversores.
- Infraestructura casi terminada, pero faltan leyes clave.
- Impacto del puerto en costos logísticos esenciales para la producción.
- Expectativas de inversión aún en espera por falta de respuesta estatal.
En una conversación reciente, Pablo Rigal, gerente forestal de la reconocida empresa Las Marías, enfatizó que “los puertos y las condiciones están. Este es un tema más político que logístico”. Las esperanzas puestas en el puerto de Ituzaingó, epicentro de la producción forestal del NEA, están puestas no solo en la infraestructura, sino en su habilitación operativa, algo que se ha vuelto un cuento de hadas.
Según informes del gobierno provincial, se ha avanzado en la fase de diseño. Esta semana, Adolfo Escobar Damús, director de Transporte Fluvial y Puertos, se reunió con autoridades del sector para definir el “layout” del proyecto, que implica la organización de muelles, accesos, y áreas de carga y descarga. Sin embargo, desde la industria insisten en que falta algo fundamental: la legislación que permita que barcazas, sean extranjeras o nacionales, operen en los puertos.
“Hasta que no consigamos eso, la promesa de reducir costos logísticos seguirá siendo un espejismo”, subraya Rigal, rodeado del aroma a maderas que inunda la planta de Virasoro. Aquí, las voces de productores y empresarios son unánimes: la baja en costos operativos beneficiaría directamente al productor, ya que cerca del 30% de sus gastos se relacionan con la logística. Transportar por agua en lugar de por tierra podría reducir hasta 20 dólares el costo por metro cúbico, traduciéndose en un alivio total de 1000 dólares por contenedor.
El trasfondo de este dilema se remonta al Decreto 340/25. Este establecía un régimen de excepción para la Marina Mercante Nacional, facilitando la navegación comercial. Sin embargo, resistido en el Congreso Nacional por su impacto en el derecho a huelga, complicó los planes de autorización para buques extranjeros. “El Gobierno debería escuchar y facilitar el ingreso de naves de otros países”, agrega Rigal, quien ilustra cómo Paraguay, con su capacidad de construcción de barcazas, podría ser un aliado estratégico.
La realidad es que la falta de inversión privada se ve intensificada por una aparente indiferencia del Estado. “No estamos pidiendo dólares, necesitamos que las autoridades entiendan nuestro trabajo”, sentencia Rigal, un tanto frustrado. Mientras tanto, empresas interesadas ven cómo sus propuestas son ignoradas, a pesar de que vienen a invertir y no a pedir dinero al bolsillo estatal. Esto desanima a quienes podrían impulsar el desarrollo económico de la región.
La obra del puerto de Ituzaingó, con siete años de trabajo y 50 millones de dólares invertidos, aún necesita un empujón final que parezca más un sprint que una maratón. Rigal estima que quedaría un 20% del presupuesto para su finalización, pero no se trata de dinero, sino de voluntad política. “Este puerto no solo beneficiará a la industria, sino que podría cambiar laspiquetas del campo; más rentabilidad significa más ingresos para los productores”, concluye.
En lo que muchos esperaban que fuera un símbolo de modernidad, hoy se dibuja la sombra de la indecisión. Las promesas gobiernan un horizonte que, por ahora, parece lejano. Queda esperar que las palabras se conviertan en acción y que, de una vez por todas, el puerto de Ituzaingó surque las aguas del Paraná.
