El sol apenas había comenzado a asomarse por el horizonte cuando un grupo de efectivos de la Unidad Especial de Seguridad Rural y Ecológica (UESRyE) se dispuso a realizar controles preventivos en la Ruta Nacional 12, en el paraje Santa Tecla. Fue así que en un local conocido como “Gauchito Gil” se encontraron con una situación insólita, pero lamentablemente demasiado común en determinadas regiones: carne proveniente de una faena clandestina. A medida que avanzaban las horas, la noticia de este hallazgo comenzó a difundirse, generando preocupación entre los comerciantes y consumidores locales.
- Operativo de control en Ruta Nacional 12, Santa Tecla.
- 150 kilos de carne vacuna hallados sin sello bromatológico.
- El propietario, Luis Ariel R., quedó supeditado a una causa por abigeato.
- La inspección fue conjunta con una médica veterinaria.
- El comercio solo tenía habilitación para la venta de comidas y bebidas.
Con una mezcla de rutina y tensión, el operativo se llevó a cabo en el kilómetro 1286 de la Ruta 12. Al llegar al comedor y almacén, Luis Ariel R. recibió a los efectivos con una actitud que podría pasar fácilmente por desinteresada. Una vez dentro, la inspección arrojó un resultado inesperado: entre freezers y una cámara frigorífica, había cortes de carne —dos cuartos, dos paletas y dos costillas— que, en total, pesaban 150 kilos. Sin embargo, era la falta de certificaciones bromatológicas lo que encendió las alarmas de la veterinaria presente.
Con el calor de la mañana, se fue condiciones constatando que la carne no solo estaba sin sello, sino que además no tenía los cueros ni pabellones auriculares necesarios para verificar su origen. Esa ausencia era, sin duda, un indicativo de que la faena no cumplía con las normativas esenciales, aumentando el riesgo para la salud pública. Algo que, en el fondo, no debería sorprender, dado el contexto de la economía informal que acecha en muchas rincones del país.
De acuerdo al informe policial, la habilitación del comercio se limitaba a la venta de comidas y bebidas. Es decir, no tenía permiso para operar como carnicería. Esta revelación sorprendió a aquellos que pasaban por el lugar sin imaginar que, detrás del nombre entrañable “Gauchito Gil”, se escondía un posible delito. De hecho, ante la inminente gravedad de la situación, el fiscal de turno, Eugenio Balbastro, decidió actuar rápidamente, iniciando actuaciones de oficio por abigeato y ordenando el secuestro de la carne.
Así, el dueño del establecimiento fue trasladado a la dependencia policial. Tras ser examinado por el médico de guardia, recibió la noticia de su libertad, aunque quedó atado a la causa, con la sensación de que las luces de la responsabilidad recaería sobre sus hombros. Como un eco de lo que vivió en esa mañana, el local permanecerá cerrado, aunque no por mucho tiempo, y volverá a abrir sus puertas, con una historia más que contar, pero quizás con un par de lecciones menos que aprender.
