El colapso que altera la conexión productiva
La situación es crítica en la región. Un puente, que durante años sirvió de puente vital para el transporte rural, se desplomó este lunes, marcando un nuevo capítulo en la historia del abandono de la infraestructura. La Ruta Provincial N° 69S, que une las localidades de La Pelada e Ituzaingó, quedó cortada en su paso por el viejo puente de algarrobo, dejando a su paso la impotencia de un sector productivo que depende de este acceso.
Puntos clave
- El colapso de un puente en la Ruta Provincial N° 69S afecta la salida de producción.
- Las autoridades locales advirtieron sobre el deterioro estructural durante años.
- El puente, una estructura tipo Bailey, tenía más de 20 años y era una solución temporaria.
- El chofer del camión involucrado salió ileso, pero la indignación crece entre los productores.
- El tránsito permanece interrumpido mientras se espera una respuesta provincial.
El puente colapsado era una versión rudimentaria de lo que alguna vez se creyó un paso conveniente. Desde su instalación, hace más de dos décadas, había sido escenario de múltiples críticas, discusiones y promesas que jamás se concretaron. Una solución provisoria, un mero parche en la trama de la infraestructura rural que, con cada temporán año tras año, se fue deteriorando en un silencio administrativo ensordecedor. A medida que la carga agrícola aumentaba, el puente se tornaba un riesgo que nadie quiso abordar.
El incidente ha dejado al descubierto la vulnerabilidad del sector, que ahora mira hacia las autoridades provinciales en busca de alguna respuesta. Mientras el tránsito y la conectividad permanecen interrumpidos, hay un clamor que resuena en los rincones de la región: es urgente una intervención que impida que esta historia se repita. Los caminos se hacen polvo y la producción se ve asfixiada, todo por el olvido y la falta de acción de quienes tienen la responsabilidad de cuidar estas vías esenciales.
Los productores sienten la desesperación. Aunque el conductor del camión logró salir ileso, la situación es un recordatorio de que en el campo la seguridad no es solo un discurso, sino una necesidad. Las expectativas son altas, pero la paciencia se está esgotando. Con cada día que pasa, crece la sensación de que el tiempo de esperar por soluciones ha terminado. Y mientras tanto, el silencio del gobierno se convierte en un eco ensordecedor.
La comunidad aguarda una respuesta urgente que restaure la conectividad y devuelva la esperanza de un un futuro más seguro y eficiente para el trabajo que alimenta a la región.
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