La lucha contra la delincuencia en el conurbano bonaerense no cesa, y la reciente acción de la justicia demuestra que la «banda de los caranchos» no ha sido totalmente desmantelada. Esta semana, un nuevo megaoperativo volvió a poner en jaque a la organización delictiva, con la orden de 15 allanamientos simultáneos que resultaron en la detención de ocho nuevos implicados y la incautación de un arsenal que haría palidecer a cualquier film de acción, repleto de tecnología avanzada y sellos médicos que utilizaban para falsificar pericias.
El momento más relevante tuvo lugar este jueves, cuando Gastón Tardini (34), considerado el socio más cercano al abogado influencer Matías Giovanelli, se entregó a las autoridades en la UFI N° 5 de Morón. Tardini había logrado esquivar la justicia durante la primera parte de la causa, pero la presión de los operativos policiales lo dejó sin salidas.
Allanamientos y arsenal
El operativo, que tuvo su epicentro el 10 de diciembre, se desplegó en diversas localidades: Morón, Haedo, El Palomar, Ramos Mejía, Vicente López, Caseros, Ituzaingó y la Ciudad de Buenos Aires. En esta serie de procedimientos, seis integrantes más de la organización fueron apresados, sumándose a otros dos detenidos ya en el camino de la justicia.
Lo que encontraron los investigadores pinta un cuadro inquietante sobre el nivel de sofisticación de esta banda. Se requisaron máquinas para contar billetes, cajas fuertes, rastreadores GPS, y teléfonos de alta gama, que parece que venían con un manual de instrucciones para delinquir.
La amenaza no se limitaba a la tecnología: en Ituzaingó, la policía confiscó una pistola Glock calibre .40 con cargadores extendidos y municiones listas para la acción. Mientras que en Morón, otro hallazgo dejó a más de uno con la boca abierta: una escopeta calibre 16 que, aunque podría ser una reliquia, tenía el potencial de convertirse en un peligro en las manos equivocadas.
¿Qué pasó en Ituzaingó?
En el barrio de Ituzaingó, el primer objetivo fue un presunto estudio jurídico situado en Avenida Martín Fierro 3200. Allí, los agentes descubrieron una logística que no desentonaría en una película de gánsteres: dos máquinas para contar billetes, un detector de moneda falsa, una caja fuerte y varios dispositivos de rastreo satelital que habrían hecho cualquier auditoría más que interesante.
El segundo allanamiento sucedió en una vivienda de la calle Del Facón, donde la policía confiscó una pistola Glock calibre .40 configurada para un combate que era más de lo que se esperaría en una esquina de barrio: contaba con un cargador extendido, preparada para lo que sea.
La fábrica de pruebas falsas
No solo se trató de dinero y armas; los detectives también dieron con la «cocina» de la estafa. En los locales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se recuperaron sellos a nombre de médicas que, como la Dra. Blanca Estigarribia y la Dra. Carla Chackelevicius, se vieron involucradas en la trama. Recetas y documentos clave para fraguar lesiones y engañar a las aseguradoras fueron parte del botín que dejó al descubierto la profundidad del engaño.
Con estas nuevas detenciones, la fiscalía, liderada por los doctores Claudio Oviedo y Marisa Monti, se atreve a afirmar que esta red criminal ha sido prácticamente desmantelada. A medida que la justicia avanza, la esperanza de que la seguridad en las calles retorne comienza a renacer, aunque la batalla sigue, y eso es algo que todos sabemos.
