lunes, enero 12, 2026
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Caputo bajo tutela de EE.UU.: Bessent maneja el dólar y Bennett teje apoyos

A mitad de tarde, con el dólar mirando el techo y los comercios vacíos como un feriado mal puesto, el Gobierno eligió aguantar. No hubo conferencia, no hubo épica: hubo llamados, promesas, algún gesto calculado y, sobre todo, un salvavidas que llegó de afuera. En estos días, la economía argentina camina como quien recorre un pasillo largo de hospital: a paso corto, con la mirada en el monitor que marca el ritmo del dólar, y con dos asistentes que sostienen el suero. Uno pone plata y timing; el otro, política y teléfonos. Mientras tanto, el consumo cae, la inversión se encoge y la tasa devora el humor de cualquiera que intente producir.

  • El dólar se mantuvo contenido preelectoralmente por ventas coordinadas de divisas, atribuidas en el mercado a decisiones avaladas por Washington, según admitió Scott Bessent.
  • El oficialismo apuesta a obtener un “tercio bloqueante” en el Congreso; el mensaje que bajó desde la esfera de Donald Trump fue claro: si querés ayuda, ganá.
  • Barry Bennett, lobbista cercano a Trump, activó contactos con gobernadores y jefes de bloque para garantizar gobernabilidad postcomicios.
  • La economía sigue en modo “matriz financiera”: tasas altísimas, demanda sostenida de dólares y netos del BCRA que no logran despegar.
  • La interna oficialista contrapone la negociación política de Santiago Caputo con la línea dura de quienes prefieren doblar brazos antes que acordar.
  • El debate de fondo —reponer una matriz productiva que saque al país del estancamiento— sigue en lista de espera.

Oxígeno prestado y dólar contenido

Para llegar a las urnas sin sobresaltos cambiarios, el Gobierno consiguió algo que hace meses parecía un deseo: que el dólar paralelo no rompa el techo de su propia banda. No lo logró con palabras ni con controles, sino con operaciones puntuales. Scott Bessent, gestor financiero con línea directa en Washington, dijo que el peso “está barato” y anticipó intervenciones cuando el tipo de cambio le parecía pasado de rosca. En criollo: vender dólares y comprar pesos, cobrar una tasa sideral en moneda local y, si la cotización acompaña, embolsar la diferencia. Es el carry trade de toda la vida, esta vez con sello estadounidense y clima electoral argentino.

Acá no hay antecedentes precisos comparables, pese a quienes invocan Japón para todo. Lo que hay es un salvataje quirúrgico que domesticó al dólar y compró tiempo. Tiempo valioso, pero caro: mientras se sostiene la “pax cambiaria”, la economía real queda apretada entre tasas anómalas y consumo en caída. La “dolarización endógena”, esa ilusión que algunos imaginaron como salida por acumulación de confianza, se aleja cuando la demanda de billete sigue viva en cada esquina.

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Dos guardianes: uno financiero, otro político

La escena se completa con otro actor. Barry Bennett, consultor con llegada al entorno de Trump, movió su agenda para hablar con gobernadores y referentes del Congreso. La consigna fue menos diplomática que práctica: garantizar un clima de colaboración con el Ejecutivo, sea cual sea el resultado electoral. En paralelo, el encuentro que iba a tener perfume de Salón Oval terminó en almuerzo breve y mensaje largo: si querés respaldo, ganá algo concreto. ¿Qué? El famoso tercio que impida bloquear leyes. Nada de mayorías soñadas; aritmética de supervivencia.

Ese “ángel político” no promete milagros, pero ordena expectativas. Y empalma con otra promesa que circula en despachos oficiales: un eventual swap de U$S 20.000 millones y un fondo de garantía por otra suma equivalente, para encarar los próximos 24 meses sin sobresaltos externos. No hay confirmaciones cerradas, sí guiños y borradores. Su efecto inmediato sería bajar el Riesgo País y reabrir una rendija de crédito. Su costo, como siempre, será medido en condicionamientos y prioridades que se ordenan primero afuera y después adentro.

La grieta interna y la táctica del poroteo

Mientras tanto, la cocina local está picante. Se sabe —aunque nadie lo admita del todo— que conviven dos tácticas: la de Santiago Caputo, “el Mago del Kremlin” como lo apodan en pasillos, que blande la negociación clásica (recursos por votos), y la de los que prefieren disciplinar a fuerza de rosca dura y exhibiciones de poder. Les funcionó con algunos radicales maleables y con peronistas en reconversión, pero los costos se acumulan. Caputo lee que esa ruta está atascada: no alcanzan los aprietes cuando la aritmética parlamentaria mira el calendario electoral.

La apuesta ahora es clara: conquistar el tercio bloqueante y luego asociar a sectores no alineados —gobernadores incluidos— para un período legislativo fértil. El riesgo de manual es obvio: que la filosofía de las reformas sea reemplazada por el “toma y daca” de coyuntura. Sin un marco común, la reforma laboral, previsional y tributaria devienen en un rompecabezas de concesiones que no cambia el piso productivo ni despeja reglas para invertir y contratar.

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Lección vieja, trampa vigente

Para entender este presente conviene mirar un espejo viejo. En los años de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz le dijo que no a la Casa Blanca —era la administración Carter— cuando pidieron que Argentina se sumara al embargo de granos a la URSS. Fue un gesto de autonomía en política exterior. Pero, hacia adentro, su programa inauguró el predominio de la “matriz financiera” sobre la productiva. Pablo Sirvén lo sintetizó hace poco en La Nación: desde aquel giro, ningún gobierno pudo desandar esa trampa por completo. Medio siglo después, seguimos en el mismo pasillo.

La foto de hoy lo confirma: PBI per cápita amesetado, productividad chata, pobreza que crece en un país que duplicó su población pero multiplicó por mucho sus carencias. La economía de tasa y bono se devoró la de fierros y empleo. Cada vez que el crédito externo se agota, pedimos oxígeno. Y cada vez que lo obtenemos, posponemos el cambio de aire de fondo.

El costo del carry y el Riesgo País

La coordinación financiera que hoy modera la brecha cambia el humor de corto plazo, pero no corrige lo que impide despegar. Tras una devaluación récord, el Banco Central no logró recomponer reservas netas como para volver al mundo a tasas razonables. Los dólares que entraron se fueron en sostener un puente sobre el vacío. El mercado toma nota: sin acceso a crédito, sin saldo comercial robusto y sin reglas predecibles, el retorno se busca en la bicicleta. El Tesoro que capta pesos a tasas de vértigo, el inversor que hace carry, el exportador que mira el tipo de cambio con lupa. Es un círculo que rinde para algunos y agota al resto.

Que Bessent haya verbalizado su apuesta al peso y ejecutado ventas cuando la cotización escalaba fue, para el Gobierno, un gol de vestuario. Pero la estadística de fondo no cambió: consumo en retroceso, inversión a la defensiva, salarios que corren atrás y demanda de dólares que no afloja. La estabilidad comprada tiene vencimiento: pide más plata o más credibilidad. O las dos cosas.

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Después de las urnas: el tercio y las reformas

“Ganar” ya no es conquistar la mayoría, sino asegurar un tercio que bloquee el bloqueo. Ese es el mandato que llegó desde el trumpismo y que repiten quienes gestionan la relación con Washington. Si el oficialismo lo logra, se abre el capítulo más difícil: convertir votos en un programa que no sea solo planilla Excel. La reforma tributaria que alivie a quienes producen sin desfondar la recaudación; la previsional que ordene sin castigar a quienes aportaron; la laboral que modernice sin desarmar la protección. Sin un acuerdo filosófico —qué país queremos y cómo lo financiamos— la letra chica se vuelve un regateo interminable.

La experiencia local, del “blindaje” de 2001 al stand-by de 2018, enseña que los paraguas financieros duran menos que las tormentas económicas. Sirven para cruzar la calle, no para cambiar el clima. Lo que está en juego, esta vez, es no repetir la caminata bajo la lluvia sin plan de techo.

Salir de la mesa de dinero

Se puede empardar una corrida; se puede hasta ordenar la grilla política con llamados influyentes. Lo que no se puede es reemplazar proyecto por táctica. La Nación no se construye en la mesa de dinero ni en un Zoom con lobbistas: se construye con reglas, inversión y trabajo que valga. De ese lado, no hay ángel guardián. Hay decisiones.

Los Caputo tienen hoy dos redes de contención: una financiera que administra el pulso del dólar y otra política que golpea puertas en nombre de la gobernabilidad. Son útiles, sí. También son provisorias. La salida, cuando llegue, no va a bajar de un avión ni a salir de un comunicado del Tesoro. Va a nacer acá, cuando la política decida que el tiempo prestado se paga con producción, no con más tasa y más promesas.

Facundo Samba
Facundo Samba
Facundo Samba es un escritor cuyos artículos destacan por su profundidad y compromiso. Tiene un máster en periodismo de investigación por la Universidad de Buenos Aires y le apasionan los temas políticos y económicos y las tendencias sociales. Antes de incorporarse a Radio Pública, Facundo trabajó como periodista freelance y colaboró con varias publicaciones internacionales, especialmente en temas relacionados con los derechos humanos y la justicia social.Su escritura crítica y analítica ofrece una visión clara de los problemas contemporáneos, lo que le convierte en un colaborador clave del equipo editorial. Sus escritos son muy apreciados por su capacidad para ofrecer nuevas perspectivas sobre cuestiones de alcance mundial.Para ponerse en contacto con él, envíe un correo electrónico a facundo.samba@laradiopublica.com.
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