Una investigación policial ha sacado a la luz los detalles de un violento hecho delictivo en Pontevedra, partido de Merlo. En la madrugada del 10 de diciembre, una jubilada de 77 años se convirtió en víctima de un robo que la dejó marcada no solo físicamente, sino también en su confianza. Dos hombres irrumpieron en su hogar mientras ella dormía, transformando su refugio en un escenario de pesadilla. El accionar policial, sin embargo, ha logrado el arresto de un joven de 23 años y la recuperación de parte de lo robado, un alivio en medio del caos.
El asalto ocurrió en una vivienda situada sobre la Avenida Otero al 800, donde la tranquilidad de la madrugada se vio interrumpida por la irrupción violenta de sus agresores. Las cámaras de seguridad grabaron cómo los delincuentes accedieron al domicilio y sometieron a la mujer con golpes y amenazas de muerte. El botín incluía dinero en efectivo, objetos de valor y un televisor, que los delincuentes huyeron cargando a pie. Finalmente, utilizaron el vehículo de la víctima, una Citroën Aircross, para escapar.
La aparición en Ituzaingó y la caída
El automóvil sustraído fue encontrado a las 48 horas en la zona de Ituzaingó, lo que encendió las alarmas en el área. Desde ese momento, la Comisaría 5ta de Merlo puso en marcha un operativo que incluía el análisis exhaustivo de las grabaciones. La sapiencia policial permitió identificar a los delincuentes y localizar su refugio.
Con la autorización de la UFI N° 5 y el Juzgado de Garantías N° 4 de Morón, se llevaron a cabo allanamientos en una propiedad de la calle Gibraltar al 1700. Allí, las fuerzas de seguridad lograron dar con uno de los autores del robo, que ahora enfrenta graves cargos.
Secuestro y prófugo
En medio de la requisa, la policía recuperó fundamentales elementos de prueba: el televisor robado, dos teléfonos celulares y una cadena con un dije, todos ellos reconocidos por la jubilada, que visiblemente aliviada, empieza a ver una luz al final del túnel.
El detenido está imputado por robo agravado, mientras que los investigadores no cesan en su búsqueda del segundo cómplice, conocido en la zona con el apodo de «Pilincho», que sigue evadiendo la justicia. La comunidad respira incertidumbre, pero también el deseo de justicia, un efectivo recordatorio de lo frágil que puede ser la seguridad en un rincón del conurbano.

