Buenos Aires, última semana antes del domingo 26. Las pantallas mandan, el humor de la City se enciende y apaga con la misma velocidad que cambia el clima de invierno tardío. Afuera del Palacio, suena un coro conocido: no devaluación brusca, no dolarización inmediata, no acumular reservas “para no fogonear precios”. Adentro, la política mira a Washington, que a su vez mira las encuestas y, sobre todo, los precios. Entre las dos orillas, una dupla de apellido publicitario —Bessent & Bennett— marca el compás con llamadas discretas y órdenes precisas. En esta campaña, los votos se cuentan, pero los dólares deciden el tono de la música.
Puntos clave
- La dinámica electoral quedó atravesada por un tándem financiero–político: Bessent & Bennett inciden en la cancha cambiaria y en la narrativa de “orden” preelectoral.
- Intervenciones en el mercado local: ventas de dólares para sostener la banda y dudas sobre una microdevaluación administrada para evitar un salto el 27.
- El vínculo con EE.UU. opera sin “papeles” firmados: un acuerdo difuso que deja margen para despegarse si “algo no sale según lo planeado”.
- La macro en rojo: dólar en ascenso, tasas erráticas, mora récord, inflación persistente, mayoristas en alza cinco meses seguidos, riesgo país alto y recorte del FMI del crecimiento a menos de 4,5% (con chances de quedar por debajo del 4%).
- El aval estadounidense no suma votos: persiste la apatía del electorado desencantado (ex JxC) e incide la desconfianza global hacia Trump (62%, según Pew).
- El día después: LLA podría sumar a 78 diputados y 14–18 senadores; no alcanza mayorías. Un interbloque de “Provincias Unidas” asoma como árbitro si logra ordenarse.
La cancha dejó de ser sólo local
La película de esta semana deja una sensación concreta: la racionalidad económica cedió lugar a la geopolítica. No porque los números no importen, sino porque el precio del dólar está hoy más atento a los teléfonos en inglés que a los comunicados domésticos. Si a LLA le va por debajo de lo esperado el 26, hay quienes creen que “el amigo americano” podría redoblar la apuesta con el león. Ya se amplió el paquete original prometido y la frase de pasillo es contundente: los billetes “van a salir por las orejas”. El punto de fondo: la región volvió a estar en el radar de la órbita trumpista como no lo estaba hace años, para bien o para mal.
La jugada de la semana: dólares que bajan, pesos que suben
Lo de Washington, que parecía gol cantado, terminó con revisión del VAR. Los primeros festejos se apagaron y hubo que esperar la convalidación. Mientras tanto, Scott Bessent hizo lo propio en la rueda local: “compró pesos” —eufemismo clásico para vender dólares— y mantuvo al tipo de cambio dentro de la banda tolerada. La pregunta sigue en la mesa chica de cualquier mesa de dinero: ¿fue sólo contención para que el verde no se desmadre o estamos frente a una microdevaluación en cuotas, para evitar un sobresalto el día después? En el medio, se cuidan los negocios de los amigos. Nada nuevo bajo el sol, salvo el timing milimétrico en semana corta de campaña.
El acuerdo fantasma y la puerta de salida
Otra escena de este guion se juega en la letra chica que no aparece. Con el gobierno norteamericano con el freno de mano puesto hasta nuevo acuerdo en el Congreso, los papeles no están. Hay quienes sospechan que no estarán. Que el diseño es precisamente ese: una nube deliberada donde nadie queda demasiado atado si el plan deriva hacia otra costa. Traducido: apoyo táctico, sin contrato a la vista, y margen para despegarse si el clima cambia.
La macro que no afloja
Más allá del auxilio externo, la lista de indicadores locales no trae alivio. El dólar se recalienta, las tasas zigzaguean, la mora marca récord, la inflación se emperra y los precios mayoristas acumulan cinco meses de avance sostenido. El riesgo país no cede y el FMI ya admite que el crecimiento del año no será del 4,5%: con suerte, rozará el 4%. Se votará con olor a recesión, algo impensado hace medio año. El relato oficial —no devaluar, no dolarizar ahora, no juntar reservas para no fogonear precios— ya no convence a los brokers. Un informe de una banca global como Barclays aportó más escepticismo. Y el mercado, que vota todos los días, prefiere creerle a un promedio de encuestas serias: puede haber victoria, pero de margen chico.
El aval externo no mueve el amperímetro
¿Sirve el guiño americano para sumar voluntades? Todo indica que no resta, pero tampoco suma. Persiste una apatía persistente entre los desencantados de la ex JxC, que estirarán la indefinición hasta el borde. Flota, además, una inquietud menos discutida: el temor a quedar encorsetados en una política exterior ajena con costos internos. Y el antecedente Menem todavía pica entre sectores republicanos y no peronistas. No ayuda el clima global: la confianza en el liderazgo de Trump se pincha en el promedio internacional, 62% de desconfianza según Pew. No es un reflejo “antiyanqui” regional: Australia y Noruega muestran índices más duros aún.
El laboratorio electoral y la hora de las definiciones
Corren los últimos cuatro días de campaña y las cinco ruedas que valen oro. El oficialismo insiste con “estamos a mitad de camino” y trata de polarizar con el kirchnerismo, apuntándole al “comunismo K” que ni sus propios votantes compran. En este escenario, San José 1111 —como resumen de los pasillos del poder— cambió a Braden por Bessent: la vieja saga de embajadores y alineamientos que vuelve, pero en versión hedge fund.
Gobernabilidad: Excel manda, épica escasea
La noche del 26 va a ser una trampa de planillas Excel: cada quien cantará números propios. Lo concreto es el día después. LLA, según un trabajo minucioso de Parlamentario, podría llegar a 78 diputados (duplica, pero no llega a los 86 necesarios) y entre 14 y 18 senadores, lejos del tercio. Eso deja a un eventual interbloque de “Provincias Unidas” con poder de llave si logra domesticar egos. Traducción para el mercado: cualquier reforma gruesa requerirá muñeca y paciencia; sin eso, el precio será más tasa, más dólar o ambos.
Los nombres que orbitan y el estilo que vuelve
En estas, reaparece una hipótesis que ronda pasillos: que el “joven maravilla” cruce del consultorio a la gestión y deje el monotributo para firmar como funcionario. Algún memorioso cita el 87 cuando Alfonsín llevó a “Coti” Nosiglia al Interior tras la derrota. El mensaje, si ocurriera, sería inequívoco: salí de las sombras, poné la cara y hacete cargo. ¿Sería la silla de B&B dentro del gabinete? Habrá que ver si Guillermo Francos gana esa discusión. Mientras tanto, “Javo” mostró nervios en entrevistas amigas. Puede ser un anticipo o un intento de recuperar el filo irascible que lo llevó al balotaje en 2023. Tiempos distintos, tablero distinto. Este Bennett no es Tony, es Barry.
Votos, bases y soberanía de bolsillo
La nota de color, si se la quiere llamar así, es que los argentinos seguimos haciendo cola para comprar dólares que no parecen caros. Un reflejo aprendido tras décadas de sobresaltos. La política, entonces, puede ganar o perder por un punto, pero lo que termine de inclinar la balanza será si el 27 hay overshooting o hay contención. Entre retórica y reservas, hoy manda la segunda. Y en ese margen, la conducción a distancia tiene nombre y apellido.
