Fue a la altura del kilómetro 41 del Acceso Oeste, donde la cinta de asfalto se estrecha en los molinetes del peaje de Ituzaingó. Una Ford Ranger entró en escena zigzagueando entre autos y camiones, como si el carril fuera una idea difusa. La Policía, alertada por las maniobras temerarias, montó un control a pocos metros del peaje. Al frenarlo, el conductor tenía un vaso en la mano. El test de alcoholemia marcó 1,28 g/l. La camioneta quedó secuestrada y se labraron las actas que prevé la Ley de Tránsito.
Puntos clave
- El episodio ocurrió en el Acceso Oeste, a la altura del km 41, cerca del peaje Ituzaingó.
- El conductor de una Ford Ranger realizaba maniobras zigzagueantes y peligrosas.
- La Policía montó un control y detuvo el vehículo pocos metros después del peaje.
- El test de alcoholemia arrojó 1,28 g/l de alcohol en sangre.
- El procedimiento quedó filmado por cámaras del Ministerio de Transporte bonaerense.
- Se secuestró la camioneta y se aplicaron sanciones por infracción a la Ley de Tránsito.
El operativo en la traza
La alarma se encendió cuando la Ranger empezó a serpentear entre el flujo de la tarde, ese pulso constante que sostiene al Oeste con la Capital. Un aviso cruzó por radio y el control vial ubicado tras el peaje se preparó para interceptar la camioneta. No hubo persecución larga: el vehículo fue detenido con señas y conos, en un tramo donde la velocidad baja por obligación.
Las cámaras del Ministerio de Transporte bonaerense registraron la maniobra y la detención. Al acercarse, los efectivos vieron el vaso en la mano del conductor. El procedimiento siguió el protocolo: prueba de alcoholemia, resultado positivo, 1,28 gramos por litro. Una cifra que, por sí sola, desarma cualquier excusa.
Consecuencias y contexto
Con el test en mano y el vaso aún caliente en la memoria, el personal secuestró el rodado y confeccionó las actas correspondientes. El vehículo fue trasladado y el conductor, notificado de las sanciones previstas. No hubo choques ni heridos, pero el riesgo fue claro: en una autopista con tránsito intenso, una línea rota puede convertirse en tragedia en dos segundos.
El Acceso Oeste es escenario frecuente de operativos de control, en especial cerca de peajes y enlaces. Son puntos donde la calzada obliga a aflojar el pie y la prevención gana precisión. Esta vez, alcanzó para frenar a tiempo. Una escena breve, grabada por las cámaras y por quienes ven, todos los días, cómo una mala decisión puede torcer el rumbo de una ruta entera.
